Así, con la soltura de quien lleva cien vidas vividas, me hizo el amor; mas me besó con la ineptitud del recién nacido que sólo sabe que ha venido al mundo para llorar.

07 febrero 2013

Ese instante que no se olvida. Todavía Febrero, ¿Octubre dónde te quedas?
Una figura entre las sombras, sí. Silueta masculina perfecta, grácil forma. Pelo de un oscuro aterciopelado abrumador; rostro rosado de cejas esbeltas, ojos de un marrón que se me antojaba al chocolate que me untaba cuando hacíamos el amor, labios que más quisiera aquel poeta poseer; cuello para agarrar, torso para desvestir, brazos sin una muerte definida, manos de acaríciame aquí que me pierdo, dedos de pianista, cuerpo fácil de anhelar; ¿piernas? muslos como cuerdas que te ahogan.

Un chico entre las sombras, sí. La bondad como las inundaciones, por cubos. Sus pestañas tan enrevesadas como hipnóticas sujetaban mis noches. Me retaba. Una mirada era suficiente para hacer estallar guerras que acababan no sé cómo, en su cama. No te vayas, qué dices, vete. 'Atrévete a sorprenderme' le suplicaba sin palabras, y me entendía. 'Mañana quizá todo haya cambiado' y luchaba. 'Esto que estamos haciendo no está bien' y sabía que era peligroso desde el principio.

El hombre de mi vida entre las sombras (sábanas), decían, sí. No somos un poema escrito en un muro cualquiera de Madrid pudiéndose desvanecer por los fenómenos del destino. Sino que, el arte quedaría grabado de por vida como un tatuaje hecho a fuego.

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