Así, con la soltura de quien lleva cien vidas vividas, me hizo el amor; mas me besó con la ineptitud del recién nacido que sólo sabe que ha venido al mundo para llorar.

25 febrero 2014

A aquel hombre, por amor al arte:

Que no sabe que corta el tráfico de la Gran Vía cuando me saluda con la mano; figura grácil de bordes oblicuos, abstracto trazado por la madre de todos, pero sobre todo la suya. Rompe las paredes cuando desnudo se apoya después de hacerme volar como el aire acelerado por un ventilador.

El desastre más bonito hecho persona,
padre de la peculiaridad, un ápice de locura inundada.
Dónde estará si no a mi vera,
donde se ha dejado a mi vicio la primavera.
Apóptosis diario desde el filo de sus labios,
gruesos para comerme mejor.

Y me comió,
el lobo audaz se enamoró
de la Caperucita que sólo sabía escribir de vez en cuando.

                                                                                 «A puñados yo te lo doy»

28 enero 2014

Como cada dorada mañana de Mayo, Jack sale hacia ninguna parte vestido con un único cuaderno forrado de cuero marrón y compuesto por hojas de filos plateados. El reloj de la estación de metro marcaba las doce en punto. En pleno ecuador del día Madrid parecía una gran selva de bestias de hierro que surcaban las calles con furia e ímpetu. El crepúsculo de la mañana había dejado ebrios, almas en pena de amor y poetas, víctimas del alivio de la noche, sobre las frías calzadas de la capital. Llovizna, arcoiris (...)
El reloj de la estación de metro volvía a marcar las doce, esta vez en oscuridad. La muchedumbre que abarrotaba las calles hace apenas instantes ha disminuido como la tal Alicia que veía conejos blancos.

- Otro día de esos de anónimos en Madrid -

Tres minutos, corre.
El tren tan tarde llega veloz por las vías,
llega veloz por las vías,
y para lento,
y para.

Jack, cuaderno en mano, era esperanza ya rota. Tantas estaciones como minutos en su reloj de muñeca. Repentinamente, un ángel encaprichado en bajar al mundo de los vivos se encuentra delante de él. El rugido de la furia metálica, como empujándolo, obliga a Jack a abrir por vez primera en aquel Martes su cuaderno.
"Es guapa, bueno, algo atractiva, pizpireta su apariencia...". Lo borró. Descontento, con ideas difusas, comenzó a concentrarse en ella, a inmiscuirse en su ser.
"...podría confundirse con una flor de jardín real de la delicadeza que hacía llegar. El viento de la capital  había hecho de su pelo un abismo de bellos enredos castaños cual nidos de golondrinas. Perfecta figura grácil sobre un asiento demasiado vulgar si un trono se merece. Se humedece los labios sin que nadie más pueda hacerlo en su lugar, terriblemente cruel. Las tinieblas de sus cabellos dejan entrever poco a poco aquel valle de los caídos, lleno de verdor, en su más notorio auge. Criatura querida por los dioses, la distraída. Incluso su sombra se me antoja dicharachera bailando al ritmo de los zumbidos del tren..."

Milésimas de segundo,
y para el tren en Plaza,
y para.

Atónito, Jack observa cómo la musa de sus últimos pensamientos se desvanece. Pero no puede haber escritor sin musa.
Y sólo a media voz pronunciar pudo "Eres mi casa, Madrid de ojos verdes"

07 enero 2014

Ella era ruda, bella testaruda,
de vida desordenada,
no tenía nada claro, se mordía el labio.
Carecía de sencillez, le sobraban los tacos.
Se enfadaba a menudo, se le marcaban las clavículas.
Sus pupilas se dilataban, se reía.
Fumaba a ratos y me quería a medias.
Me miraba intenso, me comprendía lento.
Creía que nadie estaba a su altura,
llegué yo y se puso tacones.

Ella no me atraía para nada.
Aunque supongamos que me baila en la cornisa del piso décimo quinto.
Me empezaría a matar un poquito.

26 diciembre 2013

Al amanecer del cuarto día,
tan sola desperté,
tan con pie izquierdo me levanté,
que aumentó mi agonía.

Mas feliz me hallo
ya que contigo iré,
pronto viajaré
y reiré más de lo que callo.

Ruego tu llegada,
tus pupilas por mis enredos,
tus manos por mis sendos
caminos de madrugada.

Día cuatro de relaciones a distancia.

Seis han sido las veces que me ha sacado de mis costillas, aposta, para hacerme el amor sin remordimientos.
Cinco, las veces que lo que no me ha matado me ha bebido hasta la embriaguez.
Cuatro han sido las veces que Madrid se ha movido mientras me escondía detrás de un alejandrino.
Tres, las veces en las que del dicho al hecho ha habido más de un trecho, más de un polvo y más de un Lambrusco.
Dos han sido las veces que un mal ha durado cien minutos, sin sexo, tan eviternos como fugaces.
Una, la vez que me has dicho te quiero con rostro de verdad sin cruzar los dedos.

Y ningún oído sordo a palabras necias.

13 diciembre 2013

Increíble, una brutalidad de ser sacudido por cien plagas de decepción, la personificación del pesimismo.
¿Dónde estás? 
Que el batir de la vida ha metamorfoseado toda luz en ti y reconvertido tus jugos en petróleo. Dónde está el tintitneo de la risa que hacía eco en la cabeza de Bécquer y dónde la inspiración de Salinas. Has hecho de la realidad un "puedo escribir los versos más tristes esta noche" horrorizando al propio Neruda.
No dejas respirar, ya no cantas. Ya no alivias, no salvas.
¿Dónde estás? 
Vuelve con las lilas en la mano derecha contrastadas con un arma de fuego en la izquierda. Más como plegaria que como favor, vuelve. Cierra la puerta y deja entrar a las golondrinas al salón, nuestro salón. Ruego que te vayas si conmigo no te mantienes en pie.

Aunque tú -alma en pena-
y yo -pájaro en jaula-
sabemos que ni te voy a pedir que te vayas,
ni vas a irte capaz, por consiguiente, de ser sin mi excepción.